Sembradores de Estrellas

ESTA CAMPAÑA NACIÓ EN EL AÑO 1977, PERO,muneco-sembradores-de-estrellas

¿PORQUÉ?

          Andaba dándole vueltas a la idea de cómo explicar a los niños y jóvenes que se puede dar algo a cambio de nada. La cosa no era sencilla. Si los mayores poníamos en sus manos lo que había que entregar, el regalo era nuestro. Si los pequeños debían adquirir el regalo para los demás, no podría soportarlo su presupuesto.

          Existía otro motivo para salir y dar algo a la gente sin esperar recompensa alguna. El día del DOMUND se piden en las calles donativos para las misiones del mundo. ¿No estaría bien salir otra vez a las calles y llevar por ellas el agradecimiento de los misioneros por la ayuda recibida de los cristianos de retaguardia? Con estos motivos en la cabeza un día me saltó la chispa. Podíamos imprimir estrellas doradas y adhesivas a bajo costo y con un mensaje relacionado con las misiones y con la Navidad. Quizá el lema: “Jesús para todos:’, o “Es Navidad en el mundo”, o “Navidad Misionera”, o “Jesús ha nacido” … y así. Luego cada niño o niña compraría las estrellas que pensaba repartir y, junto con sus compañeros, las distribuiría por las calles el sábado anterior a Nochebuena.

             TODO SE HIZO POSIBLE Y FÁCIL La idea ya estaba. Faltaba la realización. En una asamblea del Consejo Diocesano de Misiones en Majadahonda expliqué mi proyecto y cayó bien. Eso ya era muchísimo. Cristianos sin Fronteras se ocupó de la difusión de la idea, y del diseño e impresión de las estrellas Sor’ Carmela. En definitiva es ella quién tiene la culpa de que aquella Navidad ya salieran en Madrid al menos tres mil niños y jóvenes a cantar en las calles y a llenar la ciudad de estrellas doradas y regaladas. Obras Misionales Pontificias asumiría años más tarde con cariño la iniciativa que les ofrecía CSF. Tuvimos reuniones en las que enseñábamos cómo repartirlas.”Déjeme que le regale una estrella, señor”, o “Yo por mis estrellas no cobro”. “¿Le importa quedarse una como recuerdo?”, o “Me alegraría mucho que llevase hoy una estrella en su abrigo” … Prohibimos, claro, que se recibiera cualquier tipo de gratificación en respuesta a la entrega de estrellas y causamos una sorpresa notable en la gente, acostumbrada a que todo el que entrega algo es para pedir después.

               Os cuento una anécdota: Unos chicos que repartían estrellas, pelados de frío, a la puerta de una cafetería se llevaron una sorpresa agradable y “cálida”. Un señor, que ya llevaba la estrella puesta en el abrigo, les dijo: – Chavales, he dejado un desayuno pagado para vosotros ahí dentro. A ver si os vais a ir sin tomarlo y desaprovecháis la invitación. Y fueron verdad los churros y el chocolate.

               AQUELLO CORRIÓ COMO LA PÓLVORA Nos pareció el primer año, que 200.000 estrellas impresas bastarían para cubrir la demanda, pero no. ‘A los dos años se imprimirían 10 millones de estrellas y la campaña se hacía en muchas ciudades y pueblos de España a través de las delegaciones, grupos y movimientos. Lo preparábamos estratégicamente. Había repartidores en buena parte de las salidas de las estaciones del metro, se recorrían calles enteras de arriba abajo y por las dos aceras, nos instalábamos en las estaciones y aeropuerto … daba gusto luego coger un medio de comunicación y comprobar cuántas personas seguían con su estrella en la solapa.

                Años tuvimos en los que primero pasábamos por la COPE a saludar a las personas con las que nos cruzaríamos luego. Desde sus micrófonos cantábamos los primeros de los muchos villancicos que entonaríamos luego en las calles, y hasta en los despachos de los alcaldes. En muchas ocasiones, antes de ponernos en marcha, hacíamos una “celebración del envío”. El cielo preparaba nuestro humor y nuestras ganas. Rezábamos por los que recibirían las estrellas y salíamos flechados. ¡Qué mañanas! ¿A quién te gustaría poner una de tus estrellas? , nos preguntábamos.- “A un misionero que esté solo; a los ancianos sin compañía, al Presidente de gobierno, a todos los de mal humor, para que se les pase … “.

                  LLEGARON LOS ENCUENTROS EN LAS CALLES Y LOS GLOBOS ¿Por qué no contarnos al final de la mañana nuestras aventuras durante el reparto? Así empezamos a reunirnos en plazas y jardines. Explicábamos a la gente, con megafonías desiguales, lo que habíamos hecho. Cantábamos -Grupo Getsemaní, ¡cuánto nos habéis ayudado año tras año!-, echábamos nuestro pregón y llenábamos el cielo de Madrid y otras ciudades, de globos. Todos llevaban un mensaje nuestro para las personas que los vieran, cuando perdieran su fuerza y cayeran al suelo. Viajaban largo esos globos. Los que soltamos en Madrid llegaron hasta las provincias de Burgos y de Toledo. Y hasta Mallorca enganchados en el ala de un avión. Sor Carmela vuelve a saber mucho de esto. Queríamos llenar por dentro a la gente igual que habíamos llenado nuestros globos. Que se sintiera todo el mundo ligero, resplandeciente y capaz de elevarse por encima de enfados y de penas. También nos pensábamos, mirando a los globos subir y viajar, donde estaríamos nosotros al cabo de unos años. Alguno que soñó en ir a misiones en aquellos encuentros anda ya por esas tierras del mundo anunciando a Jesús.

                   PERO, ESTO NO SE ACABA Hemos aprendido a llevar nuestros mensajes a las calles, a cantar en las esquinas, a decir que nos importan los demás, a poner cerca del corazón de las personas una estrella mensajera de evangelio, y estamos preparados para seguir traduciendo en gestos concretos nuestros deseos misioneros.

XAVIER ILUNDAIN

Jesuita

 

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