A la misión se sale bien, cuando se sale con un corazón alegre.
A la misión se sale bien, como la Virgen María, que emprendió el camino del servicio a su prima Isabel, cantando el Magnificat.
A la misión se sale bien solamente si antes me he parado a mirar y admirar el gran regalo, las riquezas enormes de conocer a Jesucristo.
La alegría, la fiesta pertenece por dentro a la persona. Porque necesitamos la alegría para madurar. Fíjate en el niño. No hay cosa que más necesite que la alegría.
La alegría pertence por dentro al mensaje cristiano, que es la Buena Noticia.
Hay que dudar de la misión ofrecida desde la amargura y el resentimiento.
Es fin fundacional. Existimos para eso. Nos hemos señalado como tarea animar a la comunidad eclesial en la que estamos para que entienda, acepte y actualice el cumplimiento de la misión que Jesús le dio.
La animación misionera es un servicio fundamental. Se trata de ayudar a que nuestra comunidad sea ella misma. Porque, si no acepta la misión de Jesús con todas sus consecuencias, ella no tiene razón de ser.
La animación misionera educa para que la comunidad y cada uno de los miembros sean dóciles a la inspiración del Espíritu Santo. El protagonismo en la misión de la Iglesia lo tiene el Espíritu. él va por delante..
La animación misionera perfecta es aquella que responde a una demanda interna de la misma comunidad. No es una actividad que se pueda ejercer desde fuera, de manera transitoria.
La animación misionera perfecta es la realizada por una persona que ha sido encargada mediente un ministerio eclesial para cumplir esta tarea.
El miembro de una comunidad eclesial que ha sido elegido y preparado para desempeñar el servicio comunitario para el que ha sido oficialmente designado en presencia de la comunidad.
El animador misionero desempeña su función desde dentro de los espacios de comunión como consejos y comisiones existentes en la comunidad.
El animador misionero conoce la realidad misionera de su comunidad. Tiene localizados a todos los que "por el Nombre" salieron de esa comunidad y sirven en otras Iglesias hermanas en cualquier parte del mundo. Mantiene relaciones con todos ellos y sus familias.
Es persona de la comunión. Hace posible el servicio de comunión entre la comunidad y las otras Iglesias en las que están presentes los misioneros enviados desde esta comunidad, y que por lo mismo son los mejores vehículos de la comunión.
Comunidad
Cuando, al nacer, nos preguntaban ¿Quiénes sois? Nosotros nos autodefinimos, diciendo "somos para la comunidad".
Nunca dijimos "somos comunidad". Ni lo diremos nunca.
No confundamos asociación y comunidad. Son cosas distintas. Lo importante es la comunidad.
Hablábamos y hablamos de la comunidad iglesia.
Un C.S.F. debe tener en su comunidad de origen la referencia constante, el espacio de trabajo, la medida de su compromiso.
La comunidad la descubrimos nacida de la vida trinitaria. Lo mismo que le pasa a la misión, que tiene su origen en esa fuente de amor, que es la Trinidad. dad.
Nos anima saber que comunidad y misión tienen el mismo origen, y por lo tanto ¡tienen la misma fuerza!
La comunidad nace de la misión, y existe para la misión.
La historia de la misión enseña que las comunidades nacen de otras comunidades por esqueje, esto es, porque una comunidad prestó su tallo, brindó sus posibilidades a las nuevas comunidades, que así heredan al mismo tiempo la comunitariedad y la misionalidad, el ser comunidad y el ser misión.
C.S.F. aprende y acepta que la misión no es del individuo aislado; es de la comunidad, tanto que ésta "no puede crecer, si no amplía los campos de la caridad hasta los últimos confines de la tierra y no tiene por los que están lejos la misma preocupación que siente por sus propios miembros" (AG 37)
C.S.F. no se extasía ante la comunidad. Tiene más preguntas que respuestas.
Nos preguntamos cómo ha de ser la nueva comunidad, capaz de congregar de manera actual y dinámica a los grupos humanos en este mundo concreto que vivimos.
Nos preguntamos cuál ha de ser la vida y el testimonio que dé una comunidad cristiana hoy, cuando nuestras comunidades son conocidas, examinadas con lupa, en un mundo intercomunicado.
Soñamos unas comunidades construídas de cara a la misión, que todos sus servicios se definan en función de la nueva acción misionera.
Comunidades que presentan y ofrecen tareas misioneras a todos sus miembros, sin reducir la misión a los ámbitos intraeclesiales.
Comunidades que envían, como la de Antioquía, a sus evangelizadores (Hechos 13), y que se dejan interpelar por ese diálogo de comunión que nace de la misión, y que tiene al enviado como portavoz.
Comunión
A lo mejor suena a engreimiento, si decimos que es la palabra de más solera entre las que hemos usado en C.S.F.
Por eso, cuando hace unos años leimos la gran invitación del Papa a "hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión" ("Al comienzo del nuevo milenio", 43) nos pareció que esa consigna que daba a todos, en nuestro caso era aprobación a los más de treinta años de apuesta por la comunión.
Comunión es vida compartida en el origen - la vida de la Trinidad - y en la tarea. rea.
Comunión es alegría en la diversidad, y a la vez unidad en la misión.
Comunión es lo contrario a la competitividad.
Comunión es acercamiento para conocerse, y sobre todo, compartir proyectos del otro, ver dónde puedo echar una mano.
Comunión no tiene nada que ver con ricos que ayudan a pobres. Siempre hay dones del Espíritu en los otros, incluso si son presentados como miembros de una comunidad pobre en recursos materiales.
Apostar por la comunión como estilo es aceptar que Dios ya señaló el remedio para una sociedad como la nuestra, tan intercomunicada como distante.
Para nosotros comunión es el nuevo rostro de la nueva misión.
La misión no es cosa sólo de los europeos, no es sólo de los ricos, no es sólo de antiguas comunidades. La misión sólo la realizaremos bien, si acertamos a crear los nuevos espacios misioneros en la comunión.
Creatividad
En los primeros papeles desde que comenzamos a trabajar, una de las palabras que encontrarás más repetidas en esos cimientos de nuestra pequeña historia es creatividad.
Creatividad es el atrevimiento, hijo de la fe, alimentado por la esperanza, para salir a la vida con soluciones adecuadas a la cambiante realidad del momento en el que nos toca anunciar el avangelio.
Creatividad es traducción de la "parresía" de que habla el libro de los Hechos; pertenece a la historia mejor de la misión de la Iglesia.
Hoy pedimos la creatividad con más empeño, porque la nueva acción misionera para este milenio ha de ser "confiada, emprendedora y creativa" (NMI 41).
Ser creativo no es igual a ser "genial". Ser creativo es trabajar, y buscar, y si te equivocas, saber dar marcha atrás. rás.
Ser creativo es apostar porque las cosas se pueden hacer mejor.
Ser creativo es mirar con amor a Dios Padre, creador, que me encarga continuar su obra.
Diócesis misionera
Este término tuvo un antes y un después de la salida a escena de los Jóvenes sin fronteras, en Zamora el año 1972. En ese año se celebró por vez primera en España
- ¡creemos que en el mundo! - el Día de la Diócesis Misionera.
La idea estaba bien documentada, era clara. Zamora, esa pequeña diócesis del noroeste español, y cualquier Iglesia local, llega hasta donde llegan sus misioneros, hombres y mujeres nacidos a la fe y a la misión en las pilas bautismales de sus parroquias. Aquel lema inicial "Zamora no tiene fronteras. Las han roto sus misioneros", era síntesis de doctrina. ctrina.
Los cauces muy diferentes, por los que estos misioneros habían salido, era lo de menos. Unos, la mayoría, lo habían hecho como religiosos a través de tantas congregaciones; otros, bastantes menos, eran sacerdotes del clero secular; había algunos, muy pocos entonces, seglares misioneros. Pero todos tenían en común algo muy grande: eran fruto y exponente de la fuerza misionera de la iglesia local de Zamora.
Esto era novedad. Conocíamos el término "Diócesis misionera", pero como una expresión teológica de vía estrecha, aplicada solamente a las iniciativas nacientes de grupos de sacerdotes llamados "diocesanos", que sin otra organización se ofrecían para cooperar con Iglesias hermanas en América (en este marco nació la primera Diócesis Misionera de Vitoria) o después con otras Iglesias en
África en tareas de primer anuncio misionero.
Era tan nuevo el enfoque que nosotros dábamos al término, que a partir de ese momento las Delegaciones de Misiones entienden que tienen que abrir una sección nueva en sus organigramas: La que se dedica primero a conocer, y después a celebrar el hecho de que la fe haya enviado como misioneros a tantos hijos de esa Iglesia local. local.
Y nació el Día de los Misioneros Diocesanos, como aplicación de lo que en Jóvenes sin fronteras llamamos el Día de la Diócesis Misionera. Nosotros, como en otras ocasiones, dejamos la iniciativa en manos de las Delegaciones de Misiones.
Encuentro
¿Podemos afirmar que el encuentro es lo nuestro? Creemos que sí, y lo creemos en un esfuerzo de fidelidad histórica.
Echa una mirada a la historia de presencia de C.S.F. Verás que el encuentro es parte esencial.
Ya en el momento del nacimiento en Zamora llamábamos encuentro a la reunión que teníamos cada mes. da mes.
Siempre hemos apostado por hacer de las actividades espacios de encuentro, ámbitos para la rica diversidad de estilos, de maneras de ser y de entender la presencia y el servicio que cada uno hace desde el evangelio.
Encuentro, palabra que sólo se entiende bien, si se lee desde la clave de la otra: Comunión.
Todo encuentro necesita un "antes" y un "después" vividos y entendidos dentro y para la comunidad.
Todo encuentro necesita una verdad meditada, reflexionada para poder compartirla. No es encuentro la simple coincidencia en un lugar geográfico o en un momento celebrativo. El encuentro sólo se entiende en su riqueza, si se realiza en la profundidad de la fe compartida.
Todo encuentro se da entre personas y grupos diferentes. Es necesario, para que pueda haber encuentro, que exista, que se conozca, que se busque, que se ame y se celebre la diversidad como obra del Espíritu. Al encuentro se va después de descubrir que hay una acción de Dios maravillosa en el otro, en su manera distinta y enriquecedora de comprender al único Jesús. o Jesús.
Todo encuentro, si es auténtico, produce en sí mismo la alegría, la fiesta que nos sentimos llamados a crear con sello propio e irrepetible. No hay encuentro para el enfrentamiento. La fiesta es prólogo de misión.
Al encuentro se viene con billete de ida y vuelta. Se viene enviado por una comunidad, y se regresa a compartir en comunidad las maravillas que el Espíritu hace en otras Iglesias, de cerca o de lejos.
Cuando al encuentro llegan desde Iglesias más diversas y lejanas en lo cultural, el encuentro es más enriquecedor.
En nuestra experiencia el encuentro se hace posible en la medida en que se da en un espacio de servicio y gratuidad. Esta advertencia puede parecer periférica a la esencia del encuentro. Para nosotros, en cambio, forma parte de una experiencia de encuentros que sólo los entenderás, si descubres que todos los participantes, pero especialmente los más responsables, lo hacen desde la gratuidad.
Porque, cuando decimos "encuentro", pensamos en unos modelos determinados, te remitimos a esas realizaciones de la idea del encuentro. Entra en el menú, en la pestaña de las actividades.
Luz
En C.S.F. patentamos, sin cobrar ningún derecho, un término: "Vigilia de la luz". Al hacerlo nunca fue intento nuestro hacer teatro.
Muchos han copiado la expresión. Muchas veces me ha parecido que lo han hecho sin alma, vaciando de sentido.
La Vigilia de la luz sólo la entenderás bien, si te paras a leer antes el mandato misionero contado por San Lucas en el libro de los Hechos: "Seréis mis testigos" ( Hechos 1.8 )
El testimonio es parte importante de la lección de misionología que siempre intentamos dar. Tanto que lo hemos llevado a la liturgia en una creación característica de C.S.F.
La luz es uno de los símbolos preferidos por Jesús. "Yo soy la luz" (Jn 8,12). Si escuchas esta afirmación de Jesús desde Mateo 5 "Vosotros sois la luz... Que brille... Que la vean... Que den gloria al Padre", el ritmo escénico de la luz creciente y el camino del testimonio se funden.
Tomo la luz; acepto que mi vida sea luz; la transmito, enciendo con mi testimonio la luz de otros; todos juntos hacemos que lo que antes era oscuridad ahora sea luz; experimento la presencia luminosa de Dios. de Dios.
La Vigilia de la luz siempre es una celebración de la fe en su dinamismo más exigente.
Marcha
Marcha, ponerse en camino, hacerlo de manera solidaria, marcarse una meta... esto, sin más apellidos es lo fundamental. Después vienen los apellidos o los complementos: Marcha de la Alegría. Marcha Internacional de la Luz. Marcha de Operación Futuro. Lo importante es que todas tienen en común un estilo de vida. de vida.
Marchar. El cristiano es una persona que se pone en camino.
Marchar. Ser cristiano no es pasar, desentenderse ante las situaciones. El cristiano mira qué puede hacer, y se pone a ello.
Marchar. Hacerlo de manera solidaria. Unido a tantos que antes que yo han entendido la vida como una marcha, se han cargado la mochila y han salido.
Marchar. Es responder. Oír las voces que llegan desde la otra orilla y ponerse en camino, como Pablo y Lucas hacia Macedonia (Hechos 16), porque en esas voces han escuchado la llamada de Dios.
Marchar. Como Abrahán. Seguro de la llamada, y de la fidelidad del que le llama. e llama.
Marchar. Señalarse una meta, y no parar hasta conseguirla, aunque cueste.
Marchar... y cantar. La primera marcha de Jóvenes sin fronteras se llamó "de la Alegría" no por casualidad. La alegría pertenece a la marcha cristiana.
María
Si un día llegas a Silos, y miras a la Peña que corona la zona de acampada donde cada verano tienen lugar los Encuentros Misioneros Silos, en ese momento entenderás por qué se incluye a la Virgen María en la doctrina misionera que alienta la
asociación C.S.F.. Allí en el año 1988, año mariano universal, colocamos una hermosa imagen de piedra de la Virgen María, diseño al alimón del P. Dionisio, monje benedictino y dos artistas burgaleses. Al pie le pusimos la clave: "Madre de todos los pueblos".
María para cualquier misionero es la Madre del primer misionero, de Jesús; es la Madre de la Iglesia misionera en Pentecostés. Ella es la Madre de todos los Pueblos, de los Pueblos de toda la tierra, pues por todos muere y resucita su Hijo, para todos es la Iglesia, esposa de su Hijo. su Hijo.
En María comienza el Hecho más trascendental de la historia, el de la misión del Verbo. En María comienza la misión de la Iglesia, comienzan los Hechos de los Apóstoles.
María es modelo de misión, porque ella encarna y sintetiza como nadie la docilidad al Espíritu. El "Hágase en mi según tu palabra" es opción radical de misión. misión.
María es modelo de misión cuando sale a servir a casa de su prima Isabel. En sus manos el servicio es el instrumento para llevar la presencia del Verbo encarnado.
María es modelo, cuando en su camino apresurado nos dice que a la misión sólo se sale bien desde la alegría, desde el Magníficat. La misión no se hace con amarguras, con destrozos de personas o de historias.
María es modelo de misión, cuando congrega, cuando hace realidad la experiencia de comunión, y reúne a los Apóstoles a la espera del Espíritu para ser enviados a la plaza a anunciar al Resucitado. ucitado.
En María, en el corazón de Madre que eso es María, se entiende bien esa verdad teológica que proclama que la comunión sólo se legitima si es para la misión.
Misión
Si quieres entender algo de C.S.F. este término es fundamental.
Lo primero que te decimos es que, si quieres entender lo que es la misión, tienes que pararte, sentarte, o ponerte de rodillas, ante Cristo, y preguntárselo a él. lo a él.
El día de la Pascua, el día grande de la resurrección, Jesús nos dio a los suyos el primer regalo pascual. Dijo: "Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 19)
Ese hecho es fundamental. En ese envío, en esa misión estamos todos, los Apóstoles y sus sucesores los Obispos; el Pueblo de las doce tribus de Israel y todos nosotros, los creyentes en Jesús resucitado. ucitado.
Nuestra misión es ni más ni menos que la continuación de la misión, del envío que el Padre Dios hizo a su Hijo, Jesús.
¡¡Recuerda que enviar en latín es "mittere", o sea, la raíz de misión!
Decimos que a la misión sólo se sale bien después de "contemplar el rostro de Jesús" (Lee en "Al comienzo del nuevo milenio. Cap. II)
Aceptamos que la misión es única, la de Cristo. El creyente la recibe y la cumple en cualquier parte, en cualquier situación.
Decimos que no hay un primero aquí y después allí. La misión no se cumple primero en un sitio y después en otro. La misión sólo se cumple desde la disponibilidad, allí donde el Espíritu quiera. El antes y el después no lo señala nadie más que el Espíritu. (Ver Hechos 16, 6 y ss)
Porque el Espíritu se nos da para la misión. La única manera de aceptar la misión es aceptar la iniciativa del Espíritu. spíritu.
Decimos con el Papa que es necesario preparar con creatividad una nueva acción misionera. Que esta nueva acción acción evangelizadora hemos de programarla, aceptando que en Europa ha cambiado totalmente la situación, y que también entre nosotros se impone urgentemente un primer anuncio, lo que se llama una "misión ad gentes". (Ver "Iglesia en Europa", 46. "Al comienzo del tercer milenio", 40 y 41)
Decimos, también con el Papa, que esta nueva acción misionera tiene un marco nuevo, lo que él llama "el contexto de la globalización, de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas" (Ver "Al comienzo del nuevo milenio", 40)
Decimos que tenemos un reto: Crear un nuevo modelo de comunidad cristiana, que se defina, que se entienda a sí misma, y que se organice en función de la nueva respuesta misionera a esa nueva y cambiante situación global.
No aceptamos reducir la misión a lejanía, igual que no admitimos el primero aquí y después allá. La única frontera que descubrimos, no como una valla, sino como un reto, es la frontera de la falta de fe.
No aceptamos reducir la misión a la urgente e inaplazable cooperación al desarrollo. La primera misión fue desde los pobres a la rica y poderosa Roma. La misión no es producto europeo, ni fruto del desarrollo, sino marca de bautismo. Sea de donde sea, el agua bautismal es agua de misión.
La importancia primera, insustituible, urgente en la misión la tiene la persona. Son necesarios nuevos misioneros para la nueva misión. No se admiten chantajes de colectas, que quieren acallar las voces que piden más personas. Así entendemos la nueva comunidad misionera: Una comunidad, que en una ascesis de obediencia al Espíritu, se haga capaz de ofrecer personas a la misión.
Nuevo milenio
En C.S.F. oirás constantemente esta referencia a este documento que programa la nueva acción misionera. No entenderás la asociación, si no te paras a leer, si no te dejas interpelar por las enseñanzas de esa carta.
Nos referimos a la Carta Apostólica que el Papa Juan Pablo II firmó el día más misionero del año, el día de Reyes de 2001, la fiesta de la Epifanía, en pleno acto de clausura del Gran Jubileo del 2000.
La síntesis que hacemos de la carta es ésta: es ésta:
Es necesario que las comunidades eclesiales, desde la contemplación del rostro de Cristo (Cap. II), hagamos un programa serio para la nueva acción misionera.
Que en este programa planteemos unas cuanta prioridades, que todas ellas se pueden resumir en una idea: Dinamizar la vida de la comunidad, (Ver Cap. III, en especial 29, 40, 41) porque ella será así misionera.
Entendemos que es la "táctica pascual". Jesús, después de su victoria en el amanecer glorioso de la resurrección, no se dedicó a demostrar a los jefes del Pueblo de Israel lo equivocados que estaban, cuando lo condenaron a muerte. Hubiese sido un camino fácil, aparentemente decisivo. él siguió otro camino: Confirmar, congregar a los suyos que estaban dispersos, porque la herida mortal del pastor había tenido como consecuencia la anunciada dispersión del rebaño.
Decimos con el Papa que hoy es necesario dar prioridad a esta tarea de confirmar, de devolver la alegría y la confianza al Pueblo de Dios. Después ¡y desde la comunión! vendrá la salida a la misión. (Cap. IV)
Pero queremos que quede claro: En este nuevo milenio tenemos una urgencia totalmente nueva, a la que debemos dar juntos en la comunión una respuesta nueva.
Servicio
No se puede entender ni la historia ni la identidad más profunda de C.S.F. sin esta palabra, mejor, sin esta actitud. Se caerían todas las iniciativas antes de cumplir un mes. ¡Y muchas cuentan por decenios su existencia!
Hablamos del servicio en gratuidad. Dicho con gran claridad. Hablamos del tiempo, de las facultades y talentos de una persona ofrecidos a los demás de manera gratuita, sin pedir nada a cambio. cambio.
Esta actitud de servicio es fundamental que la profese el cristiano que quiera entender la misión.
La razón no es más que una: Imitar a Jesucristo, que definió su misión - lo que él resume en el verbo "venir" - de esta manera: "El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida". ( Mt 20 , 28 )
Conscientes de que éste es un valor radicalmente cristiano, evangélico. ngélico.
No puede un cristiano decir que toma en serio la misión, si no dedica de manera habitual parte de su tiempo en gratuidad a servir a los demás.
El servicio no se puede reducir a dinero. Servir no se limita a dar. Servir es darse. Y sólo nos damos cuando entregamos nuestro tiempo, que es la forma más radical de hacer donación de uno mismo. Porque somos seres en el tiempo. Sólo dando nuestro tiempo nos damos a nosotros mismos.
Por eso servicio radical es entrega total, de toda la persona con todo su tiempo. Esta entrega de servicio sólo la hace el célibe por el Reino, que es fiel a su opción radical.